Un nuevo espacio musical ha abierto en Bellavista, para ser más específicos, en la calle Ernesto Pinto Lagarrigue, punto neurálgico de variados lugares relacionados con el teatro, la música y la gastronomía. Otro ambiente más adecuado no podrían haber elegido.
Estamos hablando del
Tomm Pub, un espacioso local que no se queda atrás y busca renacer en toda su gloria a solamente un par de cuadras de donde se le vio partir en los años 90', tiempo en que marcaba tendencia dentro de la escena musical chilena, al haber sido sede de innumerables shows en vivo de bandas emergentes nacionales. Ahora el
Tomm Pub está de vuelta, y quiere más. Tiene menos de dos semanas de vida desde su resurrección y ya está mostrando los frutos de su regreso, con una buena cantidad de asistentes durante los últimos días que sin dudas crecerá a pasos agigantados con el tiempo.
Dos pisos de un azul intenso
Viernes en la noche. Luego de haber hecho una larga previa con Vodka Raspberri y uno que otro destilado, la lluvia y el mal tiempo se cernían sobre nuestras cabezas de manera amenazadora justo cuando nos íbamos comprimidos en el auto de Alberto (
albertomarcias). En aquella ensalada de patas iba la Carlita (
Carla), además de la Boti (
josere) y el Daniel (
Daniel), siendo para estos dos últimos la primera vez que se sumaban a una de nuestras salidas (¡a pesar del mal tiempo aperraron igual!). Los otros dos que casi no entrábamos en el auto era Nicolás (
nerco) y yo (
Ramza). Casi a la una de la mañana, después de un sofocante viaje, pudimos posar nuestros adoloridos pies sobre los mosaicos de esta conocida calle, los que nos indicaron el camino hacia el
Tomm Pub.
Entrando, el intenso color azul oscuro nos recibió junto a dos chicas que al decirles que veníamos de Loogares.com nos hicieron entrar inmediatamente (estas son las bondades de ser invitados, y todo gracias a la hospitalidad de Facundo, el dueño del local). Ahí nos recibieron los demás Loogareños que habían ganado sus entradas, quienes no habían demorado mucho en aprovechar de mojar sus lenguas con el cover mientras esperaban sentados en unas largas mesas metálicas frente a la barra para ver al grupo que tocaría minutos después. Entre ellos estaba la Daniela (
Daniela Duran), el Chino (
jose ignacio abascal), Oscar (
scheihing), José (
josepinto) y la Pola, quien es polola y eterna compañera de José.
Este lugar es un gran galpón antiguo con muros de ladrillos que ha sido totalmente refaccionado. Cuenta con una pista de baile central y un escenario frente a esta. Los ladrillos y el color de su iluminación le dan un toque parecido al de un club de Jazz gringo. Arriba del escenario, sobre la pared, proyectan enormes imágenes que van acorde a la música que ponen los DJs, los cuales se encuentran en una plataforma del segundo piso que flota sobre el público que baila en la pista central.
Es notable que en ciertas partes del primer y segundo piso encontramos pequeños espacios que cuentan con cortinas y sillones, donde puedes hacer tu estadía un poco más íntima, apartado de la demás gente. Obviamente, como nosotros éramos varios, no quisimos hacer uso de estos espacios, además que creemos que se habría visto un poco extraño, porque evidentemente íbamos a estar mega apretados, igual que en el auto de ida.
Silvestre, el baile y la lluvia
Ya después de haber hecho el tour, pasando por las pinturas modernas que adornan el segundo piso y haber apreciado la vista del escenario desde esta altura, el grupo que se presentaba en vivo esa noche estaba listo para empezar: estos eran
Silvestre, un grupo que lleva unos cuantos años tocando su rock pachanguero, siendo bastante conocido dentro del circuito musical chileno. Además, su guitarrista y vocalista, Nicolás Torres, ya se había hecho conocido al haber sido el baterista de los míticos
Pettinellis, aquel grupo que cantaba canciones como
Ch Bah Puta La Güea y
Hospital, entre otros hits.
Se encendieron las luces del escenario y salieron cuatro tipos con un look de rockero retro que partieron de inmediato la fiesta. El órgano y las guitarras que hacían sonar prendieron la pista de baile rápidamente. Los variados estilos, que iban desde la cueca hasta la cumbia, hicieron que los asistentes le sacaran brillo al suelo por más de una hora. No fue raro ver a la Pola y José mover los pies al ritmo de la música, aun cuando fuera imposible librarse de la infaltable crítica musical de José, ávido músico y vocalista de
Color Mendigo, quienes pronto estarán presentando su nuevo material (¡ya pues
Tomm Pub, tienen un nuevo grupo para que toque en vivo!).
Por otro lado, mientras el repertorio se iba acabando y se escuchaba al frontman cantar histéricamente Loco, loco, loquito por ti, el Oscar se volvía loquito pidiendo una nueva piscola mientras movía sus manos con ese gesto típico villero, algo que seguramente aprendió en el estadio viendo al Bulla.
Finalmente, Silvestre cerró el show de la noche con un cover de aquella añeja canción
Te He Prometido, del artista trasandino
Leo Dan, hit que pegaba fuerte por ahí por los años 60' y que más de alguno de nuestros viejos escuchó incluso cuando éramos niños.
Inmediatamente vino la música de los DJs enjaulados, la que hizo sonar unos cuantos clásicos noventeros como
La Pachanga, pero que pronto tuvimos que dejar de lado porque algunos de nosotros debían volver a sus casas y otros continuaban la noche en el carrete de un amigo que vive por ahí cerca. Aquellos visionarios que optaron por la alternativa bohemia no se imaginaron nunca que no lograrían llegar a su destino y que después los recibirían en sus casas completamente empapados. Lo único que les quedó era
cantar bajo la lluvia.
¡Hasta la próxima, Loogareños!
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