Siete de la tarde del pasado domingo 23 de mayo. El frío nos calaba los huesos durante la tranquila y todavía húmeda tarde había llovido todo el día sábado, en la que decidimos partir nuevamente a Bellavista, destino repetido de salidas anteriores, pero esta vez a un panorama muy distinto al de otras veces.
Santiago todavía no volvía a funcionar después de un fin de semana largo que fue bien aprovechado por las hordas de santiaguinos que viajaron fuera de la capital. Nosotros, por circunstancias de la vida, terminamos quedándonos acá, pero decididos a no permanecer vegetando el fin de semana completo, quisimos salir y demostrar nuestras ganas de compartir y vivir la ciudad ese día domingo con esta nueva salida de Loogares.
En el auto partimos Alberto (
albertomarcias) y yo (
Ramza), pasando a buscar a mitad de camino a la Daniela (
Daniela Duran), quien fue nuestra invitada especial del día. ¿A dónde íbamos? Al
Centro Mori a ver la obra de teatro "
Las Analfabetas".
Esto es lo que nos pasó esa tarde...
Coloridas baldosas, un blanco domo y asientos rojos
Después de haber derrapado sobre un par de charcos de agua en las quebradizas calles de Bellavista, doblamos por Antonia López de Bello y nos estacionamos a un costado de la
La Casa Roja Lehuede. Por el día y la hora no nos costó encontrar estacionamiento, algo raro en estos bohemios sectores, cada vez más populares entre los turistas y los santiaguinos con ganas de pasarlo bien.
Caminando por los adoquines que adornan la
Plaza Camilo Mori nos encontramos con el pasaje de ladrillos que forma la entrada del
Centro Mori. Esta está formada por un gran pasillo donde la gente puede sentarse y esperar las obras en unos salientes que hay en su pared. También hay un naranjo que brota de entre las baldosas de colores pasteles que adornan el suelo de la boletería y la entrada del restaurante que acompaña este recinto: el bar restaurante
Torino. Las baldosas todavía brillaban con agua de la tormenta que arrasó Santiago el día anterior y el alto naranjo asomaba tímidos frutos que habían logrado sobrevivir el fuerte temporal.
Había un ambiente tranquilo, de expectación. Uno que otro asistente fumaba mirando las pantallas planas que promocionaban los demás eventos del
Centro Mori mientras el resto hacía su espera en el característico domo: una mitad de esfera blanca y súper iluminada que sirve como vestíbulo de la sala de teatro. Los asistentes eran una fauna conformada en su mayoría por gente joven universitaria, unas chicas bonitas por ahí y algunos representantes de esa "tercera edad" de blancas cabelleras.
Pasados unos minutos de fría espera en la que la Daniela ya se frotaba las manos, se dio acceso a la sala, la que por suerte se encontraba de lo más templada y agradable, gracias a una poderosa estufa que tenían dentro. Mientras, los llamativos asientos rojos de la sala ya se veían cómodos de sólo mirarlos y nos invitaban a sentarnos.
Las Analfabetas
Estábamos en muy buena ubicación. Alberto y la Daniela se sentaron juntos para copuchar mientras yo trataba de hacer mi trabajo desde unos asientos más arriba, cercano a las escaleras y de la estufa, obviamente. Antes que las luces se fueran apagando tenuemente sonaba
Can't Help Falling in Love de
Elvis Presley, una elección que no era para nada al azar y que se fundamentaba en la obra que íbamos a ver.
Mientras la canción se iba deshaciendo lentamente hasta que no pudiéramos oírla, en el escenario nos recibía una decoración minimalista, compuesta por una mesa de madera y unas estanterías detrás del mismo material. Sobre las estanterías habían dos hileras llenas de plantas en unos maceteros que estaban hechos de brillantes baldes de pintura sin sus etiquetas. Bajo esto y a ras de suelo podíamos ver montones de diarios junto con más de diez botellas retornables de cerveza Báltica. Lo más destacable es que sobre la mesa colgaba desde muy alto una lámpara antigua que iluminaba todas las formas que tenía debajo, y entre las formas que iluminaba distinguíamos la de una joven mujer que yacía inmóvil, sentada en una silla con el cuerpo apoyado sobre la mencionada mesa: estaba empezando la obra.
En ese momento la productora Ana Cosmelli hizo la cordial y enérgica presentación de lo que íbamos a ver a continuación, y de inmediato empezó la acción. La mujer joven (
Valentina Muhr) de la mesa cobró vida, comenzó a moverse y a los pocos segundos se sumaba otra mucho mayor (
Paulina García), quien vestía una ropa de lo más chabacana (una infartante falda corta de jeans, panties hasta las rodillas y una extraña chaqueta amarilla).
De inmediato se formó un diálogo entre estas dos mujeres, donde la joven era una recién egresada de pedagogía que había sido contratada por la mayor para que le leyera el diario, porque ella era analfabeta. Inicialmente todo parece buena onda, pero el conflicto se arma cuando la núbil profesora trata con ímpetu y casi a la fuerza de enseñarle a leer y escribir a la mujer mayor, para que ésta pudiera saber lo que decía la carta que su padre le había dejado antes de que la abandonara. La situación que se planteó no tardó mucho en hacerse interesante y provocarnos risa. Los antagonismos que se generaban en el diálogo eran de un inteligente y sutil humor, donde la mujer mayor, a pesar de ser analfabeta, se mostraba mucho más ducha que la otra, quien todavía derrochaba inocencia con un sentido de esperanza casi infantil.
Después de ver que entre las dos protagonistas rieran, pelearan, se persiguieran, fumaran, bailaran, hicieran evocaciones a Elvis y
Madonna, tomaran cerveza Báltica y dieran uno que otro emotivo discurso acerca del sacrificio de la vocación por la educación, la obra terminó poco después de una hora, tiempo que se pasó volando, ya que en ningún momento dejó de llamarnos la atención y provocarnos distintas sensaciones.
Saliendo de la sala y conociendo a sus talentosos directores y productores, quedamos muy contentos de haber sido invitados en esta tarde oscura de fin de semana largo. Agradecemos a Alejandro Palacios del Centro Mori y a Ana Cosmelli, productora de la obra, por su buena onda.
Esta fue una salida que hay que repetir.
¡Hasta la próxima!
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